15 mar 2010

El otro lado de la Luna

Un día común y corriente pasaba, en la ciudad de México el trafico era espantoso, el metro estaba atascado y todos los transportes públicos hechos un caos. Es un viernes de quincena, pensé, pero algo en el fondo me decía que algo el fin de semana seria diferente.

Ya en mi casa, encendí la computadora, cheque mis correos, algunas páginas mas y simplemente no tenía ánimos de seguir frente a un monitor. Me prepare una cena muy ligera, tres galletas y una tasa de café. Todo lo que había en mi despensa.

Me dispuse a dormir pero el insomnio de las ultimas semanas me molestaba de nuevo, sonó mi celular, una llamada de mi colega del trabajo, ebrio para variar, me invitaba a un bar para seguir "celebrando" aunque el nunca sabia lo que se celebraba.

Le invente mil pretextos para que me dejara de nuevo con mi intento de vida, puse un poco de música, pensaba en lo que estaba perdiendo, aquellas ocasiones era cuando mas necesitaba de alguien, cuando el hablar no se reducía a simples y llanas palabras, cuando el alma salía desde el fondo de nuestro ser y al fin es liberada de aquella prisión fría y oscura.

Seguía un tanto pensativo cuando al fin quede dormido, un sueño reparador y relajante hubiera querido, pero cuando regrese del letargo tenía un dolor de cabeza y un inexplicable dolor en el cuello, me levante, me humedecí la cara y corrí al botiquín a hacerme un coctel de pastillas para suprimir los dolores.

Ya eran las diez de la mañana y no tenía nada que desayunar, decidí ir al supermercado a comprar lo necesario para comer por lo menos dos días, después pasar al banco a dejar un poco de dinero para solventar las deudas y comprar el periódico. Termine ese viaje, regrese a mi casa y ya eran pasadas del medio día.

Que bien, dije, ya me ahorre una comida, enseguida guarde todo en su respectivo lugar y me di un baño, las tres de la tarde ya daban cuando haciendo las labores de la casa me encontré un libro que había leído una vez en la prepa, me pareció muy nostálgico y lo saque de su polvoso recinto y lo coloque en el escritorio, algún día lo volveré a leer, me dije.

Pasaron algunas horas mas, el sábado ya casi se había terminado, Manuel, uno de mis amigos era aficionado al box y todos los fines de semana nos reuníamos a ver las funciones, algunas frituras, cervezas, algunos tequilas y terminaban las noches de sábado. Fui como de costumbre, perdió su peleador favorito y se puso un poco violento debido a que ya traía algunos tragos de mas encima, lo tranquilice y me fui de regreso a casa.

De nuevo el insomnio había terminado por no dejarme dormir, estaba harto de esa situación y me propuse a ir con un medico para que me ayudara a superar el problema. Sin nada que hacer la música fue la mejor opción, camine un poco por la casa y vi de nuevo el libro sobre el escritorio. Lo tome y leí la portada "las intermitencias de la muerte" José Saramago, no recordaba muy bien el libro por lo que lo comencé a leer. Después de un rato al fin pude conciliar el sueño, deje el libro y me metí en la cama.

Domingo ya era y la comida familiar me esperaba, ahora tocaba en la casa del primo José, algo lejos de mi casa por cierto, me desperté temprano, puse música y me arregle, llegue a la comida y sin muchas novedades, me alegro ver a la familia. Se sorteo la comida siguiente, toco en mi casa, todos sabían que era muy pequeña para tantas personas pero acepte.

De regreso a mi casa, mi afición a los deportes me hizo prender la televisión para ver los resúmenes de la jornada, mi equipo de fútbol estaba en una racha ganadora, el equipo de americano estaba cerca de jugar playoffs y la formula uno estaba muy reñida, tres pilotos luchaban por el campeonato.

De nuevo a la realidad de la vida, apague la televisión y vi el libro en el buró de mi cuarto, sabia que no iba a poder dormir así que leí otro rato. Al llegar a la página 174 descubrí que en el borde de la página tenía una pequeña leyenda. "Me gustas mucho, no tengo el valor de decírtelo en la cara, espero que leas esto algún día, te dejo mi numero por si alguna vez quisieras llamarme"

Me impresiono mucho, no soy de las personas que va enamorando gente a diestra y siniestra, tampoco era de las personas a las que todo el mundo ama, siempre había sido así, por eso no había tenido mucha suerte en eso del amor. Sin embargo me hizo sentir bien leer eso.

Lunes era y el trabajo esperaba, baño, traje, camisa, corbata y zapatos, todo listo. La oficina igual de bulliciosa como siempre, ruido de fotocopiadoras, algunas risas, teléfonos sonando, gente de un lado para el otro, mientras yo atendía a unos clientes, pudiendo cerrar un gran negocio, algunos detalles quedaron sobre la mesa y no firmamos. La cita se extendió a la semana próxima.

De regreso en mi casa, la señora que hacia el aseo me había dejado una nota, "señor, no voy a poder venir el jueves, tengo cita en el seguro, pero si quiere le mando a mi sobrina Georgina, bueno me avisa, hasta luego". De ninguna manera iba a dejar que doña Luisa metiera a alguna otra persona en mi casa, por lo que le llame y le dije que no, de alguna forma me convenció de que aceptara, quizá porque me dijo que su sobrina necesitaba el dinero.

Prendí la computadora, me conecte e intente platicar con los pocos amigos de secundaria que aun conservaba, recordé el numero de celular que estaba en el libro y les pregunte que si no sabían de quien era, nadie me supo decir con precisión a quien correspondía ese numero, y también les comente acerca de la nota en el libro, tampoco nadie sabia nada, la autora de aquel crimen aun estaba prófuga, y sabia que era mujer por el tipo de letra y por la firma, no podía ser una broma.

Transcurrió la semana, el jueves llego, aun desconfiaba de la sobrina de doña Luisa, conté algunas de las cosas de la casa a modo de inventario antes de irme a trabajar, escribí una nota "por favor no mover nada del buró de la recámara, gracias" y lo pegue en la puerta del refrigerador.

Llegando a mi casa, ya pasadas de las nueve de la noche, entre en busca de algo de cenar, había sido un día muy pesado, un pan calentado en el microondas y una taza de te, aparte de una aspirina para aquello del dolor de cabeza.

Tome el teléfono, me preguntaba si me atrevería a llamar a aquel numero, las posibilidades de que siguiera conservando el mismo numero de celular eran mínimas, lo deje en paz, de nuevo regrese a la cocina a lavar los trastes de la cena y note que el pedazo de papel que había dejado como aviso estaba puesto sobre la mesa, lo revise y vi que atrás de aquel papel tenía escrito "no se preocupe, mi tía ya me lo había dicho" me reí un poco y tire la nota a la basura.

A pocos minutos solo el teléfono, era la hija de doña Luisa, la habían internado de emergencia por unos cálculos biliares que no se había tratado, me comento que por lo menos en un mes no iba a trabajar, por si quería buscar a alguien mas, di una pequeña revisión a mi casa y vi que estaba muy limpio, por lo que le dije que su sobrina podía seguir trabajando en lo que doña Luisa se reincorporaba.

Ya era algo tarde, no tuve que poner música para dormir, simplemente me recosté y caí rendido. Otra vez viernes en la ciudad de México, el caos vial ahora lo causaba el puente laboral, no pensaba salir así que solo me preocupaba para tener la casa lista para la comida del fin de semana.

El menú, sopa de cebolla, lasgna y como postre tiramisu, hecho el menú y contemplado el presupuesto, intente dormir. Fue un sueño muy liviano, por lo que decidí quedarme mas de la cuenta en cama, luego baño, mercado, supermercado y banco. Casi tan emocionante como ver a un gato comer.

La dinámica del día era muy pesada, pero llegando como por obra del destino me encontré en el "súper" a una muy buena amiga de años, me encanto verla de nuevo, quedamos en vernos, no la recordaba tan bella, pero que iluso soy, me dije, y solté una carcajada.

Y siguiendo con las cosas fuera de lo normal, en el mercado había por fin conocido a la buena mujer que había limpiado mi casa, ella me reconoció porque yo no la conocía, así que se presento y tambien me pareció una mujer muy hermosa.

Al fin era de noche y me decidí a marcar a aquel numero sospechoso...

Este relato solo constara de dos capitulos, el siguiente capitulo se publicara la siguiente semana.


- Pedro Chavero

1 comentario:

  1. haha hay pedro que puedo decir.... que no haya dichO ya ????
    sigue asi amigo unas palabras pueden quitarnos unas grandes penas.. Tqm!!

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