Con argumentos tan solidos no pude competir, entre, un pasillo bastante largo conducía hacia una serie de habitaciones, el pasillo estaba iluminado por pequeñas lamparas colocadas en las paredes, ella al fin se detuvo frente a una puerta, saco un llavero de su bolsa y abrió.
Prendió la luz, se quito el abrigo y lo coloco en un perchero detrás de la puerta, con una mirada me indico que pasara, la habitación estaba bien distribuida, una pequeña sala, el baño, una pared dividía en dos el lugar, del otro lado de la pared estaba la recámara. Ella se dirigió hacia donde había un closet, yo seguía mirando detalladamente todo el lugar, me senté en un sillón y espere a que mi anfitriona volviera.
Apareció ella, con unas cobijas y una almohada entre brazos, me las dio y me dijo: acomodate en donde quieras, el piso es mucho. La mire y se percato de mi extrañeza, y agrego: así es mejor, si duermes en un lugar mas cómodo no te despertaras a tiempo y no llegaras a donde tengas que ir. Y ¿que acaso no hablas? Te daré asilo y no has me has dicho mas que dos frases. Estaba a punto de hablar cuando sonó su celular, dijo un hasta mañana y se fue a dormir.
Como ya lo había anticipado, no pude dormir en el suelo de aquel lugar, pero de una manera extraña nunca me entere cuando salió de la habitación, eran las 9 de la mañana y estaba ya solo en el cuarto. Acomode un poco las cosas que había utilizado en la noche, cuando me disponía a salir vi sobre la mesa una nota, la tome y leí "Eres muy simpático aunque no hayamos hablado en lo absoluto, fue un placer. Besos. Atte. Didiere."
Guarde la nota, busque un papel y pluma, le deje otra, "Cuando quieras volvemos a vernos y ahora si platicar, te dejo donde localizarme." Desprendí el pedazo de papel y lo puse sobre la mesa en un lugar que considere visible, tome mis cosas y salí de la casa.
Llegando a mi hotel vi que ya eran las 11 de la mañana, mi avión salía a las 3 así que apenas tenía el tiempo suficiente para desalojar la habitación y llegar a tiempo al aeropuerto. Ya a bordo del avión no dejaba de pensar en esa misteriosa mujer, lo único que sabia a ciencia cierta de ella era que estudiaba una maestría, todo lo demás era bastante confuso, saque la nota de mi saco y pase mucho tiempo contemplando ese pequeño pedazo de hoja.
Llegue a la Ciudad de México...
- Pedro Chavero
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