13 may 2010

"... y justo ayer comencé a soñarte" p.III

Llegue a la Ciudad de México, por algunas semanas no recordé nada acerca del tema, mi vida seguía tan normal y monótona como antes del viaje a Inglaterra, casa-trabajo-universidad-casa, si se daban las circunstancias me quedaba algún tiempo libre para pasarlo con Grecia, mi novia, con la cual llevaba cerca de año y medio, la conocí en la universidad y comenzamos a salir por mutua atracción.

Exactamente habían pasado dos meses desde aquel 28 de abril, la memoria de mi cámara estaba llena, por lo que me dedique a liberarla transfiriendo los archivos, estaba apunto de terminar de vaciar la memoria cuando vi los archivos de Londres, algunas fotos que había tomado durante mi estancia, inevitablemente recordé a Didiere, y como por arte de magia, apareció una solicitud de amistad en facebook, si, de ella.

Un gran sentimiento de alegría invadió mi cuerpo, era una sensación que no había sentido en mucho tiempo, ¡Si me busco! Exclame en voz alta, no dude en aceptar, de inmediato comenzamos a platicar a través del chat, dentro de la platica me entere de que a finales del mes siguiente terminaba su maestría, por lo que indicaba que regresaría a su país dentro de muy poco tiempo.

Ahora al tener mayor contacto con ella no dejaba de pensarla, mis madrugadas se iban en platicas con ella, estas mismas eran tan agradables que perdía la noción del tiempo, y la fecha de su regreso cada vez estaba mas cerca. Con toda la intención del mundo, comencé a organizar mi fiesta de cumpleaños, la cual se aproximaba mucho a la fecha de su retorno.

Alquile un bar pequeño, invite a la mayoría de mis conocidos, ella tenía dos días de haber regresado, por supuesto ella también estaba invitada, trate de hacer una fiesta inolvidable, ya entrados en la fiesta la vi entrar al local, tan deslumbrante como la recordaba, tan magnifica como la soñaba. La música retumbaba en las paredes, el alcohol corría por los cuerpos, el misterio inundaba nuestras miradas.

Quizá la ausencia de Grecia en la fiesta me hizo invitarla a mi casa cuando termino la fiesta, quizá el alcohol nos llevo a besarnos, pasadas las tres de la mañana nuestros cuerpos se fundían en un desenfrenado ritual de amor, mis labios recorrían cada centímetro de su espectacular figura, mis dedos sentían su piel erizada, mis ojos conectaban con lo mas profundo de su alma, sus brazos me acercaban a su cuerpo, su boca susurraba palabras en mis oídos, sus dientes mordían fragmentos de mi cuello.

Desperté, y con el día nació una gran sonrisa en mi rostro, sin embargo ella no estaba...

- Pedro Chavero

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