Al día siguiente las cosas se tornaron diferetes, nada ocurría como lo había soñado noches antes, nuestra relación se basaba solo en la lujuria y el desenfreno, en este punto de mi vida ya no solo bastaba con tener sexo, necesitaba algo mas, necesitaba amor.
Nuestras conversaciones eran banales y superfluas, siempre o la mayor parte de las veces solo escuchaba sin prestar atención a lo que decía, y descubrí que ella hacia lo mismo cada que yo le comentaba algo que no le interesaba con su famosa frase "ah, claro".
Llegue a pensar que solo estaba con ella por costumbre o por necedad, no tenía ninguna necesidad de estar con alguien que no le interesaba mi día a día. Con Grecia no pasaba eso, empezaba a extrañarla, aunque ahora estaba a miles de kilómetros de mi lado.
Pasado el suficiente tiempo llego el momento que pensé que ayudaría a arreglar las cosas, quería formalizar nuestra relación a toda costa, pedirle matrimonio si era necesario, pero tenía que lograr que nos compenetráramos al ciento por ciento. Una noche la invite a cenar, le plantee la situación, lo tomo con calma al principio pero después exploto contra todo y contra todos.
"No tengo nada en tu contra, de hecho me encanta estar contigo, pero, ¿Qué me asegura que no harás lo mismo que le hiciste a tu ex? ¿Cómo puedo estar segura de que cuando alguien te guste no vayas y cojas con ella?" fue lo que dijo, en parte tenía razón, la forma en que habían ocurrido las situaciones daban pie a que pensara de esa forma, sin embargo estaba seguro que ella podía ser el amor de mi vida.
Se levanto de la mesa sin mencionar palabra y se fue, frente a una ventana solo veía a los automóviles pasar. Mientras mi mente era asaltada por pensamientos y recuerdos, revívi cada momento que pase junto a ella, me costo trabajo asimilarlo pero era verdad, nunca tuvimos una buena relación fuera de las sabanas.
Paso mucho tiempo para que pudiera olvidarla, un día, exactamente a tres meses de ese trago amargo, yo visitaba un parque, quería relajarme y pensar, encontrarme conmigo mismo, cuando llego una mariposa y se poso a un costado de donde estaba sentado, ese pequeño detalle me hizo reflexionar que no todo en la vida es una persona o un amor perdido, recordé a Didiere y la guarde en un lugar muy especial, y como si se tratara de una trama de película, en ese mismo momento timbro mi celular.
Era Grecia, regresaba del extranjero y quería verme, ¿se reescribirá la historia? Solo el tiempo podrá saberlo.
- Pedro Chavero
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