Simplemente un roce de tu aliento me volvía loco, sentía que cada inhalación tuya era un mensaje que me pedía que te hiciera mía, mientras más te acercabas mas lo creía. Intentaba no perder la compostura, estábamos en medio de una gran sala llena de personas, sin embargo tu seguías con el afán de volverme loco de deseo e insistías en cautivar cada uno de mis sentidos con el solo latir de tu corazón.
Recorrí muchas veces el camino que me separaba de la mesa donde estaban las bebidas, una y otra vez, tratando de relajarme, pero a cada paso te sentía, te habías convertido en un ser omnipresente, no había lugar en que no te viera. Un par de vasos en la mano, en la otra una cámara fotográfica, te entregue un vaso y me senté de nuevo a tu lado.
La presentación terminaba, los asistentes estaban ya cansados, 3 horas de platicas era desgastante, mientras tanto no dejaba de tomar fotografías del evento, muchas más de ti, seguías en tu incansable propósito de volverme loco, no pasaba segundo en que no te imaginara, perdía rápidamente la orientación y siempre terminaba enfocándote de nuevo.
No sabía lo que ocurría, solo veía que ocurrían cosas, como manejadas por un titiritero experto en crear ambientes, situaciones y motivos, volvimos a vernos de frente, tu aroma desencadeno en mi cierto deseo que nunca antes había sentido, busque escapatorias a tus encantos, no las encontré y me deje llevar por el deseo.
Una puerta exclamaba “Solo personal autorizado” ¿Quién está autorizado? Me pregunte, sin importarme te tome de la muñeca y te metí dentro de aquel cuarto oscuro. Sin siquiera haber cruzado una palabra, ya cruzábamos abrazos, besos y deseos, salía cada vez lo mas escondido de nosotros, pero no pusimos resistencia.
Cada parte de tu cuello, de tus hombros y tu espalda fue recorrida por mis manos, entre cables y micrófonos nuestros pies se entrelazaban y no podíamos resistirnos. De pronto la idea de jugar con la cámara se hizo presente. Y no dude en usarla. Salimos del cuarto, no había nadie más en el centro de convenciones, abordaste tu auto rojo y emprendiste un camino incierto, yo también tome un camino distinto.
Tiempo después tuve que revelar las imágenes, cada una de ellas te acercaba cada vez más, cada foto revelada describía un momento especial e irrepetible, casi podía olerte de nuevo, ahora esas fotografías reposan en un álbum guardado en lo más profundo de mis pensamientos, y sé que no estás tan lejos como piensas, siempre estarás en estas imágenes que nunca serán borradas de nuestras mentes.
-Pedro Chavero
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