Y cada día amanecía con múltiples orificios en el abdomen, no recordaba nada, solo sabia que llevaba meses así.
Ya era completamente normal que la gente se sorprendiera ante tal evento. No podía ocultarlo, cada vez era mas evidente, necesitaba deternerlo, no le causaba ningún dolor ni malestar, pero no podía seguir viviendo con parches por el resto de su vida.
En su búsqueda de soluciones probo de todo, masticar corteza de cerezos, comer harina de trigo por cucharadas, hasta tomar agua de lluvia mezclada con arena de mar, nada funcionaba, un tanto frustrado decidió ir a un retiro a un centro de espiritismo.
Los monjes de este templo realizaban sus rituales con agradables cánticos y acrobáticos bailes. Su caso no fue tratado de manera especial, todos los que acudían al retiro eran tratados por igual, marineros temerosos de la tierra, princesas introvertidas, granjeros avariciosos, mercaderes despilfarradores, todos eran iguales en ese lugar.
Su falta de memoria ayudaba al proceso de introspección al que eran sometidos todos, el no tenia recuerdos, por lo que los prejuicios personales quedaban fuera de su alcance. Pronto había adquirido el don de la aceptación, saberse con un infortunio pero ahora estaba mas tranquilo.
Sin embargo, un par de días antes de regresar a su vida cotidiana, en una ceremonia festiva los monjes tocaban una melodía que se le hacia familiar, unas notas lo erizaban por completo, cada armonía de las cuerdas le traía una especie de choque eléctrico.
Al termino de la canción recordaba todo, amanecía con orificios desde el día que dejo de pensar en ella, mientras estuvieron juntos le dijo mil veces que ella era su complemento, una parte sustancial de su vida, que sin ella no tenia ganas de vivir.
El día que ella desafortunadamente dejo de existir, el solo escuchaba una canción que ella le dedico, tantas veces que era posible que la reconociera aun cuando solo escuchara un par de segundos de ella. Un flashback recorrió su mente en cuestión de milisegundos. Cayo cual fulminado por un rayo.
Despertó, había sangre en su ropa, en su mano un gran pedazo de espejo roto, su abdomen tenia orificios, los paramédicos lo veían con horror, de fondo sonaba la canción que ella le había dedicado, moría lentamente, la perdida de sangre era demasiada, la faltaba el aire, trataba de recordar porque lo hizo. Y lo logro.
Ella estuvo apunto de suicidarse, lograron evitarlo, pero en un ataque psicótico se abalanzo contra el provocandole múltiples heridas en el abdomen.
Murió segundos después de recordarlo, murió feliz, desconociendo que ella se trataba de suicidar al descubrir que también se había enamorado.
- Pedro Chavero
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