Hoy ha sido un día muy largo, estoy completamente agotado, es miércoles, el fin de semana se ve tan lejano. La lluvia y el ambiente húmedo mejora un poco mi panorama, pero el caótico estrés en que esta ciudad vive me altera.
La noche huele dulce, me recuerda tanto a ti. Volteo a mi alrededor, no te veo. Sigo caminando, con la incertidumbre de que si eras tu la que dejo esa estela de aroma por la calle. Luces de automóviles pasan desesperadas por las largas avenidas, ninguna de ellas se para a observar lo que ocurre.
Cinco, diez, quince minutos y aun tengo ese olor en la nariz, sigo creyendo que estas cerca, ya no caigo tan fácilmente en esas trampas que me pone la vida de vez en cuando. Volteo desesperado cada tres pasos, no puedes estar tan lejos.
Al fin llego al edificio, tan callado como siempre, ninguna novedad en el correo, un saludo cordial al vecino y me meto al elevador, dos pasos adentro, un par de botones oprimidos y ya estoy en camino a mi cama. De nuevo ese olor, no puedo dejar de olerlo, ese olor tan tuyo. Detengo el ascensor en cada piso y volteo a ver si no estas en alguno de ellos esperando para darme una sorpresa.
¡Que desilusión! No te encontré en ninguno de los cuatro pisos que he subido, creo que el señor se enojo porque no subí rápido. Pero ese olor, se que estas por aquí. Quizá ya estés en la puerta, esperando a que llegue, como lo hacías meses antes, casi puedo sentirte.
Abrió la puerta el elevador y no estas frente a la puerta, esto ya es extraño, podría jurar que ya estabas ahí, te sentía. Mis sentidos no podrían estar engañándome de nuevo, bueno, quizá estés en algún otro lugar esperando a que entre, y que así sea mas grata la sorpresa.
Media hora, una hora, tres horas y no apareces, estaba tan cansado que no fui directo a la cama, me senté a ver televisión en lo que te dignabas a tocar la puerta, suena el celular, quizá seas tu diciéndome que estas abajo, que se te hizo tarde y que iremos a cenar. No, solo el recordatorio de la junta de mañana.
Vaya, ya casi es media noche, y sigues sin aparecer. Todo indica que no vendrás, pero me niego, no me iré a dormir sin siquiera saber algo de ti. Esperare aquí, no me importa que pase toda la noche esperando. ¿O quizá seas otra de las alucinaciones que he tenido últimamente? No, yo se que eres real, lo se, te sentí, te vi, te toque, no pude alucinarlo todo.
Vaya, las tres de la mañana, ya casi es hora de volver al trabajo y tu no te dignaste en aparecer, pero se que estas ahí, afuera, esperando a que abra la puerta para que te deje entrar, lo se, lo siento. De nuevo al trabajo y no dormí. Y así paso otra noche en la que no supe de ti.
Pero se que esta noche, cuando camine de regreso a casa, volveré a olerte, a sentirte y a verte, aunque solo sea un par de segundos, como antes de que te esfumaras, como la ultima vez que te recordé.
Que forma tuya de describir la característica de la esencia, del sentimiento tan tuyo que haces que lo haga mío, pero sobre todo la visión que penetra lo intocable, la simplicidad tan compleja que que le da vida a... el Camino... tuyo, mío, de todos no lo sé pero la brecha se abre cada vez más cuando tocas más que un alma.
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