"El paisaje es hermoso, este debe ser el único lugar en la tierra donde se pueden distinguir tantas tonalidades de blanco distintas" me decía, mientras alzaba un poco la vista y seguía la carretera totalmente cubierta de nieve. A lo lejos se distinguía una gran montaña y casi a las faldas varias columnas de humo, al fin alcanzaba a ver el pueblo. Tenia entumidos todos los dedos, me dolían las extremidades y hasta me costaba trabajo respirar el aire tan frió, pero el simple hecho de ver el pueblo hacia que mis esperanzas aun estuvieran encendidas.
Vine hasta acá huyendo, huyendo de mis recuerdos, huyendo de ella, huyendo de mi. Salí de mi zona de confort, buscando olvidarlo todo, un reinicio en mi vida, y que mejor que comenzar de nuevo caminando a lo largo de 4 kilómetros llenos de nieve hasta el pueblo.
Después de 2 horas en la inclemencia del frió llegue, agotado y confundido, tenia la dirección de la posada donde planeaba quedarme, pero entre tantas chozas era complicado saber a donde iba. Seguí derecho por una gran calle, tan sola como la estación y tan fría como el resto del camino hasta allí, tal parecía que era un pueblo fantasma. Entre tanta nieve alcance a distinguir una pequeña plaza, para este momento mi cuerpo titiritaba bruscamente, a pesar de tener la indumentaria necesaria para soportarlo, pasar tanto tiempo a esta temperatura algún estrago tenia que causar.
Consciente de lo que podía ocurrir me senté en una de las bancas de la plaza, esperando una revelación para llegar a mi destino, el sol comenzaba a ocultarse y con ello la temperatura empezaba a bajar un poco mas, el frió alteraba mi criterio pero seguía sentado en ese lugar, seguía esperando. Volví a decir hacia mis adentros "Tengo que pintar este lugar, es perfecto", terminando de decir esto, obtuve mi revelación. Un hombre abría la puerta de su casa y me hacia señas, me levante y camine hacia el como si me estuviera moviendo una fuerza externa, ya que yo no podía mas ni conmigo mismo.
Apenas puse un pie adentro de la casa, un par de mantas me cubrieron, 4 pares de manos me guiaban hacia un sillón, donde me hicieron sentarme y enseguida una gran taza de chocolate llego a mis manos. Vivía la hospitalidad suiza en su máxima expresión. Quizá no levantaba la vista porque tenia helados todos los músculos del cuerpo pero claramente alcance a escuchar la voz de 3 mujeres y la de un hombre, se escuchaban preocupados y al mismo tiempo sorprendidos.
Por mas que intentaba moverme no lo lograba, intentaba hablar y nada, empezaba a preocuparme yo también...
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