Me levante con ese sabor metálico de sangre en la boca. No tenia mucha idea de lo que había sucedido la noche anterior, de primera impresión parecía que alguien había destrozado el lugar, vidrios en el suelo, manchas de líquidos en las paredes, ventanas rotas, ropa por toda la habitación.
Tratando de esquivar todos estos obstáculos, me incorpore y busque un baño, la resaca me estaba matando y no recordaba nada, en ese momento solo sabia una cosa, y era que iba a vomitar. Conforme pasaba la mañana intente, sin lograrlo, obtener información del desastre que era su casa, sí, la casa de mi ex.
Busque en todo el lugar y no había nadie mas, todo indicaba que había hecho una estupidez. No sabia realmente que hacer, huir o esperar a enfrentar las consecuencias. Más por el cansancio y la debilidad que me invadía me quede, intente acomodar un poco los destrozos hechos y la mañana seguía.
La cruda moral superaba a la física, cada vez hacia más conjeturas, ninguna con lógica o pizca de certeza, todas eran basadas en suposiciones, pero el hecho de que no regresara lo hacia mas complicado, me urgía saber que había pasado la noche anterior.
Prepare café y con él trate de poner mis ideas en orden. Ya la casa no parecía escena de un crimen y yo, poco a poco, recuperaba la fortaleza del cuerpo. De pronto se escucho el ruido de una llave entrando a la cerradura de la puerta, dí un salto y vi entrar a la muchacha de limpieza, mi corazón estuvo a punto de salir disparado por el pecho. Había olvidado que tenia a alguien que le ayudaba en los quehaceres domésticos, de cualquier forma aun tenia mucho que limpiar y no le agrado la idea que estuviera solo en la casa.
Después de unos minutos de un silencio sepulcral, me decidí a preguntar por ella. Según Guille, la señora que le ayudaba, no le dijo a donde iba a pasar la mañana ni con quien, frase con la que me sentí bastante aludido. Tome mis cosas, le dí una tarjeta con el nuevo numero de mi casa para que se lo diera y me dispuse a salir de ese lugar.
Justo al momento de abrir la puerta se apareció ella, dubitativa en entrar, no supe quien estaba mas asustado, no podía verla a los ojos, ni siquiera sabia que hacia allí, pero ella tampoco decía nada y tenia la mirada clavada en el suelo. Parecíamos niños recién regañados.
En un ataque de valentía le pregunte lo que había pasado, no supo responderme, tampoco lo sabia a ciencia cierta, pero tenia una cámara de vídeo y en ese momento ambos sabíamos que en ella podría haber algo que nos ayudara a recordar.
Conecto la cámara a la televisión y nos dispusimos a enterarnos de lo que había ocurrido. Comenzó la reproducción y eran vídeos bastante antiguos, de nosotros dos. En ese momento, mientras se proyectaban las imágenes de nuestro primer viaje al campo sentí un nudo en el estomago, y así continuo la televisión reviviendo antiguos recuerdos.
Después de una hora de estar viendo no llegábamos a lo que había sucedido esa noche, pero ya no nos importaba, parecía que recordar el tiempo que compartimos nos quito esa loca obsesión de saberlo. A medida de que aparecían más momentos, empece a reconocer que estaba sentado junto a la mujer que siempre había amado.
La vi y una lagrima recorría su cara, no sabia como reaccionaria pero la abrace, y fue lo mejor que pude haber hecho, porque desde ese momento sabia que no la iba a volver a dejar. Y así fue, regresamos, tiempo después formamos una familia y hoy, treinta años después de aquella noche, sigo sentado junto al amor de mi vida.
¿Qué que paso esa noche? Aun no lo sé, nunca terminamos de ver el vídeo...
-Pedro Chavero
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